La chef que reinventó su sazón en las montañas de Perú

Clara llegó a nuestra agencia con las manos manchadas de harina y una confesión: "Necesito un viaje que me quite el miedo a perderlo todo". Su restaurante en Oviedo, antes lleno de críticas elogiosas, estaba al borde de la quiebra tras una reseña viral que tachó su cocina de "predecible". Le sugerimos Perú, un país donde los sabores antiguos y los paisajes vertiginosos desafían cualquier zona de confort. Lo que no imaginamos es que ese viaje no solo salvaría su paladar, sino también su pasión.
El primer día en Cuzco, Clara sintió que el mal de altura era una metáfora de su vida: falta de aire, vértigo, desorientación. Pero al llegar al Mercado de San Pedro, donde las patatas nativas se exhiben en 3,500 variedades, algo hizo click. Una vendedora de olluco le ofreció una muestra de chuño (patata liofilizada) y le dijo: «Aquí, hasta lo que parece muerto revive con agua caliente». Esa noche, en un taller de cocina andina, aprendió a hacer rocoto relleno con manos temblorosas y una sonrisa que no había llevado en meses.

Fue en el Valle Sagrado, mientras recolectaba hierbas huacatay con una familia quechua, donde conoció a Túpac. Él era agricultor, pero también «guardian de semillas», un título heredado por proteger cultivos ancestrales. Entre surcos de quinoa y maíz morado, le enseñó que «la tierra no se fuerza, se escucha». Clara empezó a grabar sus conversaciones en un cuaderno manchado de tinta y ají.
Cuando la altitud agudiza los sentidos
A dos días de volver a Asturias, Clara nos envió un audio entre risas y gallinas de fondo: «Cancelad el vuelo. He alquilado una cabaña en Pisac». Túpac la había invitado a colaborar en un proyecto: un restaurante itinerante que llevaría platos preincaicos a comunidades remotas, usando ingredientes rescatados de la extinción. «¿Sabíais que el 80% de los cultivos andinos desaparecieron con la colonia? Alguien tiene que contarlo», nos dijo.
Hoy, tres años después, su «Ruta de la Semilla» ha aparecido en Netflix Chef’s Table. El episodio muestra a Clara sirviendo chuño cola (sopa de patata liofilizada con alpaca) en un pueblo a 4,000 metros, mientras Túpac explica cómo el cambio climático está secando los glaciares. Su antiguo restaurante en Oviedo ahora es una escuela de cocina sostenible.